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Entendemos
la “cultura de masas” como aquellas manifestaciones culturales transmitidas a
un gran número de personas mediante potentes medios de divulgación como pueden
ser la televisión, el cine, la radio o la prensa escrita. Este fenómeno se
desarrolla con más intensidad a partir del siglo XX, cuando conceptos como el
de “globalización” o “medios de comunicación de masas” empiezan a tomar fuerza
en el panorama internacional.
Ya
en el primer tercio de este siglo, concretamente el 30 de octubre de 1938, se
produjo en Estados Unidos un acontecimiento histórico que dejó patente la gran
influencia que poseían los medios de comunicación masivos sobre los ciudadanos.
Me estoy refiriendo al programa de radio que protagonizó Orson Welles, entonces
actor y director de la compañía teatral Mercury Theatre. Welles, con la
colaboración de otros tantos actores de su compañía, decidieron realizar en la
popular emisora CBS una adaptación de La guerra de los mundos de H.G. Wells. En un contexto marcado por la Gran Depresión, el locutor
norteamericano pensó que tal adaptación contada en forma de noticiario de
última hora calaría en el seno de la audiencia. Y no se equivocaba, aunque
quizás se esperaba una reacción algo más moderada. Millones de personas escucharon
la emisión del programa y un gran porcentaje de ellas creyeron de lleno la
historia que Welles y su elenco interpretaban, hasta tal punto que miles de
familias se echaron a las calles para huir de la “catástrofe”. Para entender
una reacción tan desmesurada por parte del público hay que sopesar que en el
momento que sucedieron los hechos no existía ninguna herramienta de divulgación
al nivel de la radio para poder contrastar de manera inmediata el discurso
transmitido por Orson Welles.
Otro ejemplo similar ligeramente posterior a
los hechos acontecidos en el otoño de 1938, es la propaganda bélica que se
patrocinó de forma masiva antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial.
Las potencias enfrentadas crearon campañas televisivas con las que pretendían
(y conseguían) adoctrinar a sus ciudadanos para que participaran en la guerra,
infundir odio hacia el enemigo o infundir ánimos y fuerzas en la lucha hacia la
victoria. En el caso del video que dejo a continuación se puede observar cómo se trata de ensalzar
el poder de la URSS, única potencia que no se deja aplastar por la Alemania
nazi, en el video caricaturizada como un cerdo gigante.
Por otra parte, existió
durante este período de contienda otro famoso método (incluso más que las
campañas publicitarias) de hacer llegar a la población la ideología del
gobierno: la propaganda. El lema más sonado es el de “Keep calm and carry on”, cuyo origen se remonta a 1939, cuando el Gobierno británico diseñó este
pegadizo eslogan con el objetivo de dar ánimos a la población durante la Segunda Guerra Mundial. Como
consecuencia de la cultura de masas en consonancia con la paulatina
digitalización de los medios este lema ha causado furor en internet y tiene
versiones de todo tipo. Curiosamente, un gran porcentaje de las personas que
utilizan esta popular frase no se han parado a pensar de dónde proviene.
Sin embargo, y a pesar de que hoy en día disponemos de múltiples medios para contrastar toda la información de la que disponemos, en la mayoría de los casos no utilizamos debidamente dichas plataformas para librarnos de las toneladas de información tóxica y corrupta que llega hasta nuestros oídos. Lo que quiero decir con esta reflexión es que la audiencia de Orson Welles era manipulable sin remedio y la población que sufrió las duras condiciones de vida durante la Segunda Guerra Mundial se dejaba manipular por
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Fuente: imágenes Google |
Sin embargo, y a pesar de que hoy en día disponemos de múltiples medios para contrastar toda la información de la que disponemos, en la mayoría de los casos no utilizamos debidamente dichas plataformas para librarnos de las toneladas de información tóxica y corrupta que llega hasta nuestros oídos. Lo que quiero decir con esta reflexión es que la audiencia de Orson Welles era manipulable sin remedio y la población que sufrió las duras condiciones de vida durante la Segunda Guerra Mundial se dejaba manipular por
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Fuente: imágenes Google |
La cultura de masas y las comunicaciones
globales que transmiten las informaciones son un arma de doble filo: por una
parte pueden convertirnos en meros autómatas consumidores de productos
comerciales e insípidos, los cuáles nos incitan a dejarnos llevar hacia la
ignorancia; sin embargo, por otra parte, esa información que nos llega, ya sea
información superflua o datos interesantes, podemos utilizarla para comprender
el mundo que nos rodea e intentar cambiarlo, porque para reinventar la sociedad
en la que vivimos primero es necesario entenderla desde sus cimientos. La cultura de masas no es buena ni mala, somos las personas la que damos
un uso positivo o negativo de ella.